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4 buenas razones para beber café en honor del Imperio Otomano

Te comparto 4 buenas razones para beber café en honor del Imperio Otomano en #LaExperienciaLlamadaCafé de esta semana.


miércoles 09 de agosto | La experiencia llamada café


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Te comparto 4 buenas razones para beber café en honor del Imperio Otomano en #LaExperienciaLlamadaCafé de esta semana.

 

Por: Jaime Coello Manuell

 

 

NOTA: Para acompañar esta lectura con todo y sus enlaces, mi sugerencia es este track del saxofonista sirio Basel Rajoub.

 

¿Por qué beber café en honor del Imperio Otomano?

 

El Imperio Otomano es la fase final de la hegemonía política internacional de los estados musulmanes creados después de la prédica de Mahoma en el siglo VII. Luego de que el profeta uniera a los árabes de la península, el imperio que surgiría de allí sería uno de los más importantes de la Historia de la humanidad, quizá el más importante para nosotros, amantes del café, ya que este imperio fue el que legó el aromático al Mundo. De hecho, por ellos es que se le llama café turco a tal bebida, incluso hay una competencia “mundial” de hacer este estilo de tazas, el Cezve/Ibrik Championship. ¡Sin los otomanos quizá no hubiera néctar negro!

 

Razón 1: Como nosotros, se enamoraron del café

 

En el año 1536, los otomanos ocuparon la antigua Arabia Feliz, lo que hoy es el país de Yemen y la provincia abisinia de Habesh, en la costa de los actuales Sudán y Eritrea; una zona en donde el aromático debió ser una delicia local. La llegada del néctar negro a Estambul puede considerarse como el primer paso para su internacionalización, a partir del corazón de la cultura más sofisticada y desarrollada del siglo XVI la maravilla de su perfume se propagó por los cuatro rumbos. Este hecho se le atribuye al mameluco de origen circasiano Özdemir Pasha, quien fue designado como beylerbeyi o gobernador de aquel territorio en 1555, por el más grande sultán que tuvieron los otomanos: Solimán El Magnífico. Este es el nacimiento del café como el importantísimo commodity o producto del comercio mundial que al día de hoy aún es.

 

Razón 2: Lo impusieron en Europa, por las buenas

 

En 1669 llega a París de Luis XIV, El Rey Sol, el nuevo embajador del Imperio Otomano: Müteferrika Süleyman Aga, mejor conocido como Solimán Aga o Suleimán Agha. En aquel entonces, en la capital francesa corría la moda por lo “turco” y se manifestaba en la ropa y algunas costumbres, así que cuando conocieron el aromático se enamoraron. Pero fue un amor de closet, digamos. Solimán sólo llevaba ropas de lana cruda, nada digno del rey francés que más complicó el ritual para comparecer ante él, así que le prohibió la entrada a París y lo dirigió, en cambio, hacia Versalles donde hizo las delicias de la corte, incluso en obra epistolar de Marie de Rabutin-Chantal, marquesa de Sévigné aparece una de las mezclas más populares de la gastronomía mundial: café y leche.

 

Razón 3: Lo regalaron a Europa, por las malas

 

En 1683, las tropas del sultán Mehmed IV, bajo el mando del gran visir Kara Mustafá Pasha sitiaban Viena. Era la segunda vez que los otomanos amenazaban el corazón de Europa con sus tambores de guerra. Esta vez, el musulmán llegaba con más tiempo y soldados, más del doble que los cristianos y con numerosas piezas de artillería pesada, de la que Viena adolecía. El rey de Polonia, Juan III Sobieski, lideró la resistencia y dispuso de un mensajero para que cruzara las líneas otomanas y llevara la petición de auxilio a las tropas de socorro. Tan segura sentía la victoria Kara Mustafá que ni siquiera dispuso su ejército en formación para iniciar el ataque, grave error. Al poco, llegaron las tropas de socorro, compuestas por elementos disímbolos pero unidos en una sola cosa: ¡librar a Europa del musulmán! Una hora después de la embestida de los cristianos, ya no quedaban turcos alrededor de Viena, todos habían huido salvando sus vidas. Entre otras cosas, abandonaron en los restos del campamento militar varios sacos de café que confundieron con alimento para camellos hasta que quien cruzó las líneas otomanas buscando refuerzos pidió para sí los sacos: Jerzy Kolzchitzky abrió su cafetería: La casa bajo la Botella Azul con esta provisión de aromático

 

Razón 4: No pudieron mantenerlo en secreto

 

El Imperio Otomano, en particular Solimán El Magnífico debió ser quien estableciera la prohibición de exportar granos de café fértiles fuera del dominio imperial, medida orientada a la protección del monopolio musulmán de éste. Las medidas dispuestas para guardar el secreto se vieron burladas, primero por un peregrino de India, Baba Budán y, luego, por los holandeses, quienes se apoderaron del puerto de Adén en la costa yemení y desde ahí lo llevaron a Ámsterdam, Ceilán, Java y Surinam.

 

colaborador
Jaime Coello Manuell poeta, catedrático de ciencias de la comunicación y periodismo en la UNAM, estudia y escribe sobre la industria y cultura alrededor del café desde el año 2000.

Síguelo en: @jaime_coello | jaimecoellomanuell.wordpress.com
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