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Cuando el precio no es lo más importante, pero lo parece…

Por: René Ávila Nieto


jueves 22 de noviembre | Columnas

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Por: René Ávila Nieto

 

La preocupación es genuina y prácticamente generalizada: los precios actuales del commodity café, son tan bajos que ponen en riesgo el levantamiento de la cosecha 2018/2019. Pero ¿es en realidad el precio internacional el factor determinante en la rentabilidad y sostenibilidad de las fincas?

Durante septiembre de 2018, las cotizaciones del Contrato “C” en la Bolsa de Nueva York, cruzaron vertiginosamente, hacia la baja, el umbral de 1 USD/Libra, generándose focos de alerta en diversas latitudes del planeta a tal grado que durante el 122° Período de sesiones del Consejo de la Organización Internacional del Café (OIC), celebrado en Londres, Reino Unido, representantes de países productores y consumidores estuvieron de acuerdo en emitir la Resolución  465, a través de la cual prevén y mandatan diversas acciones, dada la preocupación por los niveles de precios.

Ya con anterioridad, en el Foro Mundial de Productores de Café celebrado en Medellín, Colombia, en junio de 2017, los precios internacionales parecían dominar la agenda de discusión y los resolutivos se centraron en gran medida en este factor. De hecho, las conclusiones de dicho Foro han encontrado un fuerte eco entre los miembros de la cadena productiva y particularmente entre los productores, para quienes las expectativas de que “algo pase” no son menores. 

En este sentido, gobiernos de países como Colombia y Honduras han elevado la voz y anunciado la unión de esfuerzos para atender la problemática de precios y su impacto en la región; mientras que diversos mecanismos de soporte se han activado o implementado, como es el caso del FIRCAFE en México -que en estricto sentido es un recurso privado- y, el Incentivo Gubernamental para la Equidad Cafetera en Colombia que actúa a manera de subsidio. ¿Podrían estos esquemas generalizarse? ¿Hasta qué grado contribuyen a solucionar la problemática de precio?

Una de las vertientes más sonadas en la hoja de ruta delineada tanto en el Foro como en la OIC, es la que tiene que ver con sensibilizar a la industria para que colabore con toda la cadena en aras de lograr precios más remunerativos para los productores. Éste, sin duda, es un propósito loable y claramente deseable; sin embargo, difícilmente podría traducirse en resultados concretos, pues no existe hoy día mecanismo alguno capaz de catalizar la voluntad de la industria torrefactora [asumiendo que dicha voluntad existiera], en mejores condiciones de precios para los productores. ¿Premios en precio? ¿Donaciones? ¿Transferencias? ¿Apoyo a proyectos locales? ¿De qué forma podrían los eslabones de la cadena que mayor proporción reciben del valor de una taza de café, canalizar mayores recursos a los productores?

Suenan también en los citados resolutivos los temas rentabilidad y sostenibilidad económica de la producción de café como una aspiración del sector, pero dichos conceptos parecen estar supeditados al factor precio como el medio para su consecución. ¿Cuál sería el nivel de precios adecuado para que las fincas de café sean rentables? ¿Por cuánto tiempo los precios deben permanecer estables para asegurar la sostenibilidad económica de la producción?

La Resolución 465 de la OIC también hace referencia a la necesidad de incrementar el consumo interno entre los países exportadores y de buscar usos alternos a los cafés de calidades inferiores, retomando el espíritu de la Resolución 420, adoptada por la OIC en febrero de 2002. Aunque estratégicas, estas dos acciones, al menos en la región de América Latina, presentan por decir lo menos algunos desafíos, pues tan sólo en el caso de México, el consumo ya supera la producción nacional y aumenta presión sobre las importaciones, en tanto que, las denominadas calidades inferiores son en la actualidad altamente comercializables (a diferencia de lo que se observaba en la crisis de precios de 2001 – 2002). Por su parte, en la mayoría de los países de la región, con excepción de Brasil y quizás Colombia, el enfoque hacia el mercado interno contrasta con la necesidad de captación de divisas. ¿Hasta qué grado, el limitar la oferta exportable podría propiciar una mejora sustantiva de los precios internacionales? Más aún, ¿estarían dispuestos los países a estructurar e invertir en acciones conjuntas en la materia?

Es importante hacer notar que si bien para varios miles de productores [si no es que millones], los niveles actuales de precios internacionales comprometen la rentabilidad de sus parcelas y por tanto la sostenibilidad económica de la producción en el tiempo; para otros tantos, producir café con estos niveles de precios sigue siendo negocio y obtienen las ganancias suficientes para mantenerse en la actividad. La lógica indica que éstos últimos hacen y harán hasta lo imposible por ganar participación en el mercado, a sabiendas de que, los ciclos de precios internacionales bajos preceden a periodos de recuperación donde pueden obtener mucha más ganancia.

En términos prácticos, la rentabilidad es la capacidad de un negocio de generar utilidades [llámese gran finca, pequeña parcela o explotación familiar]. Se trata de una relación entre los beneficios obtenidos y las inversiones, que comúnmente se expresa en porcentaje. En esta ecuación la tasa de rentabilidad depende de varios factores, no sólo del precio de venta: eficiencia en costos, productividad, valor agregado, diversificación, diferenciación, innovación del modelo de negocio cafetalero, zonas aptas para la producción, tecnología, manejo de riesgos, etc. Todos estos factores parecen relegarse al centrar la atención y el discurso en el tema de los precios.

Sin demeritar el esfuerzo de colaboración y solidaridad internacional que se ha estado promoviendo recientemente, y más bien en aras de fortalecerlo; quizás valga la pena que, en alguno de los tramos de la hoja de ruta, se comience por reconocer que en las circunstancias actuales no todos los productores de café tienen la vocación para seguir siéndolo, tristemente como señala un apreciable amigo, varios cafetaleros “habrán de morder el polvo” y migrar hacia otras actividades. Pero ¿quién será capaz de asumir el impopular discurso de la necesidad de tamizar a los cafetaleros menos eficientes? ¿Quién podrá delinear e impulsar acciones más a ras de suelo para trabajar con productores en el campo, antes de gastar esfuerzos tratando de incidir en factores que están fuera del alcance de las unidades de producción? ¿Quién podrá comenzar por establecer y hacer cumplir regulaciones para asegurar una mayor equidad y transparencia en la cadena de valor?

No cabe duda de que pugnar por la mejora de precios internacionales debe ser una tarea irrenunciable para los foros y organismos relacionados con la cafeticultura; pero centrar la atención y el discurso en este factor, puede no sólo desviar la atención en la raíz del problema, sino también contribuir a la polarización de la cadena. 

Usted, apreciable lector ¿qué opina?

 

colaborador
René Ávila Nieto
Consultor de Directo al Grano México SAS de CV. Contáctalo en reneavilamx@yahoo.com.

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