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Ecología feminista y sustentabilidad de vida: el interior de la cooperativa Las Diosas en Nicaragua

Junto con tres mil mujeres más del norte de Nicaragua, Juana es miembro activo del grupo de agroecologíacentrado en las mujeres conocido como La FEM, la Fundación entre Mujeres.

lunes 08 de marzo | Artículos

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Este artículo apareció en la edición Julio/Agosto 2020 de Revista Roast.

En portada: Isabel Zamora, miembro fundador de la FEM y productora de café en la comunidad de Los Llanos, sostiene un cafeto antes de plantarlo.

Por Nani Ferreira-Mathews

Fotografías cortesía de Thread Coffee / La FEM

 

Atravesamos a pie el accidentado camino de tierra lleno de piedras por más de un kilómetro antes de llegar al mirador La Vista donde se observa la provincia montañosa del norte de Nicaragua. Mientras nos detenemos para tomar fotos de los distantes volcanes y las impresionantes vistas, nuestro guía señala la ciudad más cercana, apenas visible entre el cálido aire lleno de bruma de aquella tarde. Juana Olivas-Calero, nuestro contacto rebosante de vida y miembro activo de su comunidad, nos lleva a su media manzana (una manzana equivale aproximadamente a 6,960 metros cuadrados) para mostrarnos su colmenar. Juana es una joven de aproximadamente veinte años que vive en una pequeña comunidad de trescientos habitantes, donde mantiene de seis a ocho colmenas de abejas y produce miel para la cooperativa conocida como Las Diosas. Ella, con la ayuda de su madre, quien también vive en el pueblo cercano de El Colorado, mantiene su parcela de tierra, ubicada cuesta arriba a 2.5 kilómetros de distancia a pie desde de su casa.

 

“Ilustre” Ilustre” Specialty Coffees Ilustre” Specialty Coffees

 

Juana nos ayuda a desempacar nuestros trajes de apicultura y se asegura de que estén bien sellados en todos los puntos. Una vez que todo está cerrado de forma segura, avanzamos en silencio y con calma a través del terreno empinado para visitar sus colmenas. Es la parte más calurosa del día cuando finalmente llegamos a ver la primera colmena. El sudor comienza a resbalar por mis mejillas y a acumularse alrededor de mi nariz mientras las abejas zumban sobre mi cabeza y envían vibraciones hacia mis extremidades. Juana habla en medio de un apresurado y apasionado susurro al tiempo que descubre sus colmenas para mostrarnos el progreso de la producción.

La apicultura, una ocupación tradicionalmente realizada por hombres, se ha convertido en la principal fuente de ingresos para más de sesenta mujeres productoras de la cooperativa Las Diosas, donde sus 362 socios los constituyen únicamente mujeres productoras del norte de Nicaragua. Tras luchar con la roya y haber sido forzadas a replantar muchos de sus árboles de café entre 2013 y 2016, las miembros de la cooperativa se dieron cuenta de que necesitaban más seguridad económica y comenzaron a diversificar sus ofertas. Juana explica que las mujeres en Nicaragua han enfrentado muchos problemas para poder ganar el acceso a la tierra, pero que ella tuvo la oportunidad de negociar con los hombres de su familia el título de la pequeña parcela de tierra que tiene a su nombre. En medio de ese momento rebosante de sudorosos zumbidos, me siento asombrada por el personaje tan dedicado y trabajador que encarna Juana.

 

Reyna Merlo es miembro fundador de la FME. Su comunidad, el Rosario, cultiva principalmente maíz.

 

Junto con tres mil mujeres más del norte de Nicaragua, Juana es miembro activo del grupo de agroecologíacentrado en las mujeres conocido como La FEM, la Fundación entre Mujeres. Formado en 1995, La FEM incentiva a las mujeres que viven en áreas rurales a tomar posesión de su tierra, sus cuerpos y sus semillas. Sus primeros programas incluían educación y alfabetización para adultos, salud y salud de la mujer, así como conservación de semillas. Entre los miembros de La FEM se encuentran las 362 miembros productoras que conforman la cooperativa Las Diosas. Hoy, Las Diosas se ha diversificado para incluir caficultoras, apicultoras, productoras de hibisco y jardineras.

La FEM se fundó colectivamente por doce mujeres campesinas que la concibieron como una alternativa a los programas de agroecología exitosa, o agricultura sustentable que surgieron en Nicaragua con la revolución sandinista a finales de la década de 1970. Su visión compartida de mejorar la situación de las mujeres a través de la educación, la salud y el rápido acceso a la tierra se convirtió en más que un centro de recursos. Las mujeres que se beneficiaron con estos primeros programas comenzaron a animar a las otras mujeres que las rodeaban. En 2014, 72 mujeres que habían tenido problemas por no saber leer y escribir obtuvieron sus diplomas escolares. Rosia Ramos, presidenta de la Cooperativa Las Diosas, quien tiene más de sesenta años de edad, está en proceso de obtener su título universitario en botánica.La fundación amplió su oferta de programas educativos para adultos con el fin de satisfacer las necesidades de las mujeres que viven en comunidades rurales a las que prestaba servicios. Lanzó programas para combatir la violencia contra la mujer mediante la creación de enlaces comunitarios para ayudar a las mujeres necesitadas. Estos enlaces ofrecen refugio a mujeres maltratadas y les brindan transporte desde las comunidades rurales a las ciudades donde pueden denunciar a sus abusadores. La FEM amplió su trabajo por la salud de la mujer para incluir el acceso a anticonceptivo y a atención preventiva gratuitos. Sus programas empoderan a las mujeres para que tomen sus propias decisiones sobre tener hijos y cuándo tenerlos. En los 25 años transcurridos desde que se fundó La FEM, las mujeres beneficiadas por sus programas han visto una disminución de hijos por hogar, pasando de 4.5 a 2.5 hijos por familia.

De igual forma, la FEM también se organizó para actuar en contra del feminicidio; el asesinato de mujeres cometido por hombres, debido a motivos de género. Si bien Nicaragua es uno de los países con las tasas de feminicidio más bajas de Centroamérica (menos de una por cada cien mil) el trabajo sigue siendo de importancia. Al momento de conocer a Nayde, una joven productora de café, vemos que lleva puesta una camiseta que dice: “Queremos vivir libres y sin miedo”. Cuando le preguntamos qué significa, Nayde nos cuenta que una niña de doce años desapareció y mas tarde fue encontrada sin vida. Las mujeres de La FEM organizaron protestas en la ciudad de Estelí para buscar justicia y una reforma legal que apoye a las campesinas, mujeres jóvenes y niñas de sus comunidades.

 

Vista de la provincia montañosa del norte de Nicaragua

 

Juana Olivas-Calero esperando mientras el grupo se reúne para llevarlo al apiario

 

Mujeres de la comunidad de El Rosario conservan los cogollos del maíz para usarlos más tarde como combustible en los humidificadores de abejas.

 

En los años que han transcurrido desde que se fundó La FEM, sus miembros han mejorado en cuestiones de agroecología, tema que se ha convertido en una necesidad entre muchos productores de café que no pueden ganarse la vida únicamente con cultivos de exportación. Las productoras de la cooperativa Las Diosas, así como el país de manera conjunta, han hecho grandes avances en términos de soberanía alimentaria en los últimos 25 años. En El Colorado, visitamos el reservorio de semillas de La FEM, que es lo que generalmente conocemos como “banco” de semillas; sin embargo las mujeres de Las Diosas pensaron que ese término era demasiado capitalista y optaron por nombrar “reservorio” al suyo. El depósito de semillas almacena los proyectos agrícolas de la organización fuera del café. Visitamos el modesto cobertizo que alberga años de experimentos y trabajo de selección de semillas. Gladys, hija de una de las socias fundadoras de La FEM, explica que, luego de recibir asesoría técnica de grupos internacionales, las mujeres de la comunidad iniciaron un estudio de conservación y mejora de semillas. Tras siete cosechas de frijoles rojos, Las Diosas pudo cultivar una semilla resistente a enfermedades y de alta producción. Llamaron a la cepa de semillas Rosado Colorado, y desde entonces ha sido ampliamente adoptada como la semilla de elección en Nicaragua.

 

Reyna Merlo almacena los sobrantes de maíz para el invierno.

 

La cooperativa mantiene modelos sostenibles y biointensivos de producción de alimentos dentro de las fincas cafetaleras y en los hogares de las mujeres que la integran. La agricultura biointensiva es un modelo de sostenibilidad con un objetivo de alta producción basado en prácticas orgánicas. Cuando nos dirigíamos a cosechar cerezas de los cafetos, visitamos jardines biointensivos con zanahorias, plátanos, frijoles y otros cultivos. Las mujeres cultivan todos los alimentos que consumen a excepción del azúcar, la sal, el arroz y el aceite. Al ir caminando, vemos montones de cáscara esperando ser convertidos en abono para sus granjas y jardines, y, mientras tanto, sirven para proveer de un refrigerio a las gallinas de Guinea que deambulan libremente y que funcionan como sistema de alarma para la comunidad porque gritan cuando perciben el peligro.

 

Vista desde el balcón de las oficinas centrales de la FEM, en Estelí, Nicaragua.

 

A la mañana siguiente, visitamos el corral de cerdos de nuestra anfitriona Doña Julia, donde servimos los restos de las sobras del plato del día anterior. Nos asomamos a las turbias aguas del beneficio (procesamiento húmedo), donde las larvas crecen donde la cosecha de café se está fermentando. Las larvas, explica Don Julia, son el alimento perfecto para sus gallinas. Las gallinas, por supuesto, ponen huevos; y los gallos, cuando no fertilizan los huevos para que nazcan más gallinas, son el despertador de la naturaleza, que a menudo, suena tan temprano como a las 2:00 a.m. El ciclo de la vida, la vida y los esfuerzos sostenibles me hacen detenerme un momento. Los cinco que habíamos llegado a la comunidad, habíamos llevado más desechos en cinco días de los que toda la comunidad de trescientas habitantes había generado de forma colectiva.

Solamente nuestros estómagos necesitan agua embotellada preenvasada, solución de electrolitos y una modesta dosis diaria de Pepto-Bismol.

Una noche durante nuestra visita, seis jóvenes del grupo de hombres solidarios Miyotl (palabra náhuatl que significa “rayo de luz”) llevan a cabo una presentación. Un grupo de jóvenes cuyas madres son miembros de La FEM creó Miyotl para trabajar por comenzar a crear una nueva masculinidad positiva. Durante su presentación, explican que querían convertirse en hombres diferentes, no hombres violentos. Sus talleres incluyen ejercicios que ayudan a romper la masculinidad tóxica y brindan un espacio seguro para que los hombres sean cariñosos y compasivos sin sentir vergüenza ni miedo. Sus miembros tienen edades que comprenden desde los trece hasta los 35 años. Uno de los jóvenes, Denis, llega a nuestra reunión con una camiseta estampada con las palabras “Soy hombre, y estoy en contra de la violencia hacia las mujeres. ¿Y tú?

Los jóvenes de Miyotl realizan talleres educativos sobre temas como “Introducción al sexismo” y “¿Qué es la violencia?” Su lema es, “¡Somos hombres de campo, somos hombres de cambio, somos Miyotl!”Cuando un miembro de nuestro grupo pregunta a los jóvenes de Miyotl si los homosexuales son aceptados en el grupo, la respuesta es un “sí” inmediato. Denis explica: “Esta [aceptación de los homosexuales en el grupo] va de la mano con la agroecología. Cultivamos todo tipo de plantas, ¿por qué no deberíamos de aceptar que haya todo tipo de personas?”.

 

Vista desde el balcón de las oficinas centrales de la FEM, en Estelí, Nicaragua.

 

En El Colorado, la lucha por la equidad de género, la adopción del feminismo y la elevación de la dignidad colectiva de las mujeres es uno de los mejores ejemplos de ecología feminista que he presenciado. La ecología feminista o ecofeminismo, aborda la sustentabilidad a través de la lente del feminismo y sostiene que no se puede lograr una verdadera sustentabilidad sin un análisis de la opresión del género. Eso no quiere decir que solo las mujeres deban ocupar puestos de poder, sino que si nos esforzamos colectivamente hacia la equidad de género y la colaboración, entonces la sostenibilidad y la preservación de nuestra Tierra encontrarán su equilibrio natural. Si bien los movimientos de sostenibilidad y biodiversidad y los modelos de intercambio de recursos han fortalecido a los caficultores rurales quienes han sido frecuentemente explotados, las mujeres de La FEM y Las Diosas han convertido esas ideologías en un verdadero movimiento social. Las mujeres de La FEM se organizan en torno a un modelo sustentador de la vida y desechan la ideología capitalista centrada en el mercado. Este trabajo, o economía centrada en las personas, es el trabajo que queremos ver en el origen, pero la verdad es que es el trabajo que también necesitamos ver en casa.

En colaboración con Roast, La Sociedad por la Equidad de Género publicó recientemente los resultados de su encuesta sobre equidad de género. (Para obtener más detalles sobre esta encuesta, consulte “Equidad de género en la cadena de valor del café” en la edición de enero / febrero de 2020 de Roast). Los resultados arrojaron que el treinta por ciento de las empresas encuestadas preguntan a sus proveedores si promueven la equidad de género, y el 31.4 por ciento tiene políticas internas relacionadas con el género. Estos hallazgos nos ayudan a comprender hasta dónde debemos llegar para lograr que exista equidad de género de manera significativa en nuestras propias empresas.

Durante nuestras visitas a La FEM y Las Diosas, me inspiré en el enfoque agroecológico de las organizaciones sobre la tierra y la relación entre eso y la ideología feminista. En un entorno urbano como Baltimore, donde vivo, ¿cómo puede una empresa comprometida con estos mismos valores fundamentales implementar un modelo sostenible como la agroecología en su operación diaria? ¿Cómo crear un lugar de trabajo justo y digno que practique e inspire la sostenibilidad y la ecología social?

 

Nani Ferreira- Mathews bien equipada para conocer las colmenas de abejas

 

Tenía muchas ganas de volver a Baltimore y empezar a traducir el trabajo y las ideas de estos grupos en ideas nuevas para mi propia empresa y ciudad. Desde el inicio de Thread Coffee Roasters en 2012, nuestro objetivo es y ha sido elevar el nivel de vida de los agricultores y empoderar a las mujeres, tanto en el origen como en Baltimore. Nuestra empresa se fundó sobre el valor central del comercio transparente que tiene un impacto genuino en la vida de los campesinos, con quienes queremos solidarizarnos y apoyarnos. Nos esforzamos por lograr una gobernanza igualitaria en nuestro modelo de trabajo, y nuestro objetivo es emplear mujeres, personas queer, personas de color y personas de comunidades marginadas en Baltimore. Los aspectos clave de la inclusión, la mejora del nivel de vida de las mujeres y las comunidades queer, el compromiso con los modelos democráticos e igualitarios, la transparencia y el compromiso con los pequeños agricultores nos han ayudado a avanzar hacia un futuro más justo.

En el flujo de la cadena de suministro de café, sabemos que se necesitan muchas manos en el viaje desde el grano hasta la taza. Todas las manos que tocan el café a lo largo de su recorrido, incluidas aquellas que abastecen el café, deben trabajar para levantar a sus vecinos y comunidades. Como Las Diosas, entendemos que “una mujer no puede vivir solo de café”.

 

colaborador
Nani Ferreira - Mathews
Nani es autora, periodista independiente y organizadora comunitaria, además dueña y trabajadora de Thread Coffee Roasters en Baltimore, Maryland. Es licenciada en periodismo por la Universidad Estatal de Georgia.

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