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La copa de porcelana

Por: María Teresa Rodríguez Almazán


martes 23 de octubre | Historias de café


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-Ay tía, es que no entiendo cómo es posible que una copa de porcelana esté en un museo y además que sea tan famosa.  La verdad no me dan ni tantitas ganas de ir sólo para contemplarla. Yo creo que mejor no te acompaño. Pídele  a Aisha que vaya contigo.

-No lo puedo creer Eylem.  Estás a punto de tener la oportunidad de ver de cerca lo que fue el tesoro de nuestra familia.  Una reliquia que proviene  de 1475 y que en ella tomaron café sultanes, reyes, príncipes y toda la nobleza que frecuentaba Kiwa Han, la primera cafetería que hubo en Estambul y que la fundó uno de nuestros antepasados, cuyo nombre se ha perdido con el tiempo. ¡Qué triste que no te interese conocer la historia de la familia! ¿Acaso sabes que mis abuelos, tus bisabuelos  Amira y Genco  escaparon de Turquía en 1923 cuando cayó el imperio otomano? ¿qué tu papá no te ha contado nada?  ¿no? ¡válgame!  Y fue entonces que  llegaron a Nueva York con  sus dos hijos,  Osman, mi papá  y tu abuelo Melek.  Su único equipaje era  un atado con la poca ropa que pudieron rescatar,  una caja de madera que contenía la copa de porcelana que por generaciones  estuvo en la familia y un puñado de granos de café.

Amira era una mujer muy hermosa.  Provenía de una familia acomodada y en contra de la voluntad de sus padres, se casó con Genco, que era ayudante en la cafetería familiar

Por un tiempo estuvieron confinados en la isla Ellis, mientras localizaban a un tío, de nombre Ismail que trabajaba en los muelles y  que aceptó  acogerlos en su casa.   La vivienda estaba en un barrio de la baja Manhattan y aunque sólo tenía dos habitaciones, en un gesto de suma generosidad, Ismail y sus tres hijos  redujeron aún más sus espacios para acomodar a sus parientes.   Amira se hizo cargo de mantener la vivienda limpia, de cocinar y lavar la ropa.  Así pasaron tres años.   Mi abuelo Genco cada vez estaba más enfermo, pero   todos los días iba  a  los muelles buscando trabajo para traer algo de dinero a la casa, aunque no siempre tenía suerte.   Salía  desde las cuatro de la mañana y regresaba cerca de las nueve de la noche.  Su organismo pronto resintió el duro trabajo y el hambre.  Una tarde, cuando estaba ayudando a descargar un barco, cayó muerto.   Ni siquiera  tuvieron dinero para enterrarlo.  

Como Ismail no se podía hacer cargo de alimentar tres bocas más, Amira consiguió empleo como recamarera en el hotel Ambassador, que estaba en Park Avenue, entre la 51 y la 52.  Ahí conoció al que se convirtió en su segundo esposo, quien eventualmente hacía trabajos para la Fundación Rockefeller. Walter, que así se llamaba, le sugirió que ofreciera  la copa a la fundación, pues ellos,  a su vez, acostumbraban comprar y  donar objetos raros y especiales a diferentes museos.  Él le consiguió la cita con la persona encargada y se concluyó la venta en muchos miles de dólares, que sirvieron para que Amira, sus hijos y su nuevo esposo vinieran radicar a México.

Ya aquí, compraron una casa en la colonia Roma y acondicionaron el garaje como una pequeña cafetería.  Amira le enseñó a Walter a preparar el café al estilo turco: de color negro intenso, con mucha textura,  de sabor amargo, perfumado y espeso.  Lo servían con o sin azúcar, según  la preferencia de los clientes. Amira preparaba baklavas, fistikis y dondurma, que eran poco conocidos en esta ciudad.  Afortunadamente me heredó sus recetas.  Su fama creció pronto y poco después compraron un local en el centro y otro en Las Lomas y después pusieron más sucursales en diferentes colonias, con igual éxito que la primera cafetería.  De ahí proviene nuestro patrimonio.  Dime Eylem, ahora que ya conoces la historia de la familia, ¿me acompañas al museo?  

colaborador
María Teresa Rodríguez Almazán
Originaria de Chihuahua. Escribe –dice- porque puede y quiere hacerlo, y lo hace muy bien. Egresada de la SOGEM, ha participado además en varios talleres de creación literaria. Colabora en diferentes revistas y diarios de circulación nacional. mateart07@gmail.com

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