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Tētecoloh: adaptación y apertura del café mexicano

Ajustado al estilo de vida regiomontano, el proyecto se ha sostenido sobre un servicio tan rápido como satisfactorio.

lunes 01 de junio | Artículos

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Por Luis Román

Fotografías por Juan José Sánchez

 

Vivir en la zona metropolitana de Monterrey es un ajetreo. Eso dicen quienes habitan esta animada y calurosa región al noreste de México. Una zambullida rápida en Twitter para comprobarlo: “la vida en Monterrey es una cosa demasiado acelerada. Los invito a todos a tomarnos una chill pill”, por ejemplo; pero también: “yo no sé qué haría sin la vida acelerada de mi Monterrey”. Más allá de los tonos de las expresiones, parece que los regiomontanos consideran la velocidad una pieza definitoria de su estilo de vida.

Alejandro Guajardo y Diego Guzmán, inmersos ellos mismos en este ritmo vertiginoso, identificaron no sólo que el tiempo escasea, sino que además abunda el deseo de café. Y en el cruce de estas dos fuerzas encontraron un espacio fértil. Abogado el primero y financiero el segundo, juntos proyectaron una serie de cafeterías en donde ofrecer bebidas de alta calidad sin perderle el paso a nadie. Por lo tanto, Tētecoloh es una respuesta al “pisa y corre” de los locales, utilizando la frase que le gusta decir a Alejandro. 

 

 

Mientras él propuso que las cafeterías fueran drive-thru a fin de agilizar el servicio, Diego sugirió hacer las estructuras con contenedores marítimos. Éstos permitirían una montaje muy rápido y una fácil reubicación, así como “tener sucursales chicas con costos fijos bajos”, en palabras de Alejandro. Sin embargo, las ideas se materializaron únicamente hasta que David Garza, mercadólogo, se unió a ellos. Así, hace cuatro años levantaron la primera sucursal en “una de las arterias más pesadas de Monterrey”, la avenida José Vasconcelos, en San Pedro Garza García.

Para el nombre de las cafeterías eligieron la palabra que significa ‘conjunto de búhos’ en náhuatl, la agrupación lingüística indígena más hablada del país. Por una parte, buscaban que los ojos bien abiertos de este animal remitieran al estado de alerta que detona la cafeína; por otra, la intención era evocar el trabajo colectivo que el proyecto implicó desde un inicio. Y aunque no todos los clientes memorizan de un momento a otro tētecoloh, la pronunciación tan inusual resultó efectiva para transmitir la originalidad de la propuesta.

 

 

El siguiente paso fue la expansión. Casi un año después, la segunda sucursal se abrió en la avenida Eugenio Garza Sada, en Monterrey. Le siguieron, con una diferencia de tan sólo algunos meses, una en el área que rodea a una importante universidad privada y otra en las instalaciones de una empresa cementera internacional. La entrada de Mariano Villarreal Garza marcó la ampliación del equipo, el cual después nombró oficialmente como director general a Diego Guzmán.

A la vuelta de la esquina se encontraron con el reto del tostado. Es cierto que todos en Tētecoloh querían dar una atención rápida. Pero también mostraron interés por elevar cada vez más la calidad de las bebidas, lo que los empujó a involucrarse con el café aun antes de prepararlo. De esta manera, invitaron a Roberto Naal, maestro tostador, a volar junto con ellos. La colaboración con Roberto cristalizó en un blend de granos de origen veracruzano, con aroma y gusto intensos. Una mezcla que posibilita un sabor constante en cada ocasión, al mismo tiempo que distintivo respecto al de otras cafeterías. Un sabor que es como una firma.

Por lo demás, en Tētecoloh no aspiran a ser identificados bajo la categoría de especialidad. Ellos saben que sus clientes desean café, pero no disponen del tiempo para pasar a una cafetería, ocupar un asiento y tomarse su bebida favorita. Entienden que, en este caso, no se trata de experiencias sensoriales complejas y detenidas, o de métodos de preparación innovadores. Su objetivo es más bien ofrecer a los visitantes productos de acuerdo con sus necesidades, sin perder de vista, por supuesto, ni la calidad del grano en verde, ni el cuidado del tostado, ni la constancia en la preparación.

 

 

El menú no tiene complicaciones, no podía de ser de otro modo. Capaz de satisfacer todos los gustos, está compuesto por una decena de bebidas calientes, una decena de bebidas frías, tres opciones de alimentos y cuatro variedades de postres. En la base están el café americano de percoladora y las bebidas calientes preparadas con espresso: capuchino, latte, moka, y caramelatte; todas, con las cualidades del blend clásico. Algunos de los más pedidos sin café son el matcha y el chai, calientes o fríos, y el frappé de mazapán.

Por otro lado, una de las prácticas que distingue a Tētecoloh en su aspecto social es la contratación únicamente de personal femenino. El principio es que al menos el 90% de la plantilla esté compuesto por mujeres. Para el presente de este encuentro con Revista Roast, por ejemplo, de 32 empleados, sólo 3 son hombres (el chofer, el maestro tostador y el director general).

 

 

El origen de esta decisión se encuentra, en parte, en la experiencia personal de Alejandro, o, mejor dicho, en la de sus hermanas: fueron ellas las que, desde joven, le descubrieron las dificultades que enfrentan las mujeres al momento buscar un empleo formal. “Mis hermanas batallaron mucho más que mi hermano y yo, porque como hombre encuentras trabajo más fácilmente, te tienen confianza y te otorgan responsabilidades”.

Entonces, una de las preocupaciones centrales de los socios es brindar oportunidades laborales justas ligadas a posibilidades de crecimiento profesional y espacios de trabajo seguros. Además, los equipos de trabajo se integran con personas que no tienen experiencia en el barismo. Toda recién llegada a la bandada recibe capacitación antes de propiamente desempeñarse como barista.

Desde la perspectiva del mundo cafetero, tal vez no hay mejores palabras para describir a Tētecoloh que éstas: adaptación y apertura. Ajustado al estilo de vida regiomontano, el proyecto se ha sostenido sobre un servicio tan rápido como satisfactorio. Pero también se ha abierto a generar un impacto social muy palpable mediante empleos justos y la utilización de productos mexicanos. Después de todo, quizá Tētecoloh es esa chill pill, ese respiro que suspende el ajetreo lo que dura un vaso de café.

 

 

colaborador
Luis Román
Luis Román es pasante de Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM y aprendiz de barista en Los Baristas Café. Puedes contactarlo en luis.roman.noguez@gmail.com.

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