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Todo lo que necesitas saber sobre la cafeomancia

Nos adentramos en la fantasía de leer el destino en una taza de café, todo lo que necesitas saber sobre la cafeomancia aquí en #LaExperienciaLlamadaCafé


miércoles 23 de agosto | La experiencia llamada café


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Nos adentramos en la fantasía de leer el destino en una taza de café, todo lo que necesitas saber sobre la cafeomancia aquí en #LaExperienciaLlamadaCafé

 

Por: Jaime Coello Manuell

 

¿Qué es la cafeomancia?

 

La cafeomancia es el arte de interpretar los posos o borra que queda después de beber una taza de café turco y en la cual son discernibles, a decir de los iniciados, figuras y símbolos varios con mensajes sobre la personalidad, pasado, presente y futuro del consultante. Cuestiones como la claridad y las formas de borra tanto como su ubicación dentro la taza son determinantes para establecer un significado específico de la lectura.

El origen de esta peculiar forma de adivinación es controvertida. Hay quienes sostienen la teoría de una precedencia común de las mancias relacionadas con la lectura de los residuos de bebidas; así se habla de la lectura del vino en las culturas griega y romana y de la lectura del té en China, desde épocas ancestrales. Alguna tradición atribuye a los franceses del siglo XVII su invención, pero no existe motivo para pensar que la costumbre de escudriñar los posos de néctar negro al fondo de un tazón no pudiera tener un origen africano o asiático. De hecho el tipo de taza (café turco) puede ser una pista hacia el origen de la práctica; no por nada existe quien, decididamente, sostiene que es en Armenia donde tiene asiento la cuna de la lectura del café. Así que, para entrar en ambiente, te comparto esta rola tradicional de aquella región, Sasna Tsrer.

 

 

Un origen fabuloso en un país de leyenda

 

En oriente medio existe una milenaria ruta comercial: el puente terrestre entre Asia y Europa. En dicha zona geográfica viven naciones como la turca, la musulmana chiita y también la sunní, la kurda y países como Armenia, Irán y algunas repúblicas desprendidas de la desmembrada Unión Soviética. La región, antiguamente, fue dominada por Bizancio, imperio de profundas raíces armenias. Armenia, país del Cáucaso Sur sin salida al mar, hoy en día limita al norte con Georgia, al sur con Irán y la República Autónoma de Najicheván, al este con Azerbaiyán y al oeste con Turquía. Y es este último país con el que ha tenido un contacto cultural determinante Armenia. Por un lado, de los armenios (se refieren a sí mismos como Los Hai) cuenta la leyenda que son descendientes de un famoso arquero llamado Hayk, un bisnieto de Moisés, quien escapó de la ciudad de Babel antes de ser destruida con todo y su torre; también se dice que el arca de Noé tocó tierra en Armenia. Otro detalle curioso de esta patria de la mancia en cuestión es la existencia de la Iglesia Apostólica Armenia, institución que mantiene vivo el legado de San Gregorio el Iluminador, quien bautizó al rey Tiridates III en el año de 301 d. C. y convirtió a Armenia en el primer estado oficialmente cristiano del mundo. Este Estado recibió al aromático transportado por los comerciantes etíopes desde La Meca hacia el año 1500 d.C. Tuvo una gran acogida y pronto pasó a ser la bebida preferida de aquel pueblo. Se supone que la ciencia de leer la borra del aromático comenzó en reuniones familiares y que fue motivada por la curiosidad; lo cierto es que al paso del tiempo, se desarrolló una simbología compleja, la cual es transmitida de padres a hijos de forma oral. Al menos hasta el siglo XVII, cuando Tomás Tamponelli, adivino florentino redactó y editó una manual de cafeomancia. También se sabe de la popularidad de esta variedad de predicción de las suertes, en las cortes de los zares rusos, en los califatos y en los caravasares. Bueno, su popularidad es tanta que el uruguayo Mario Benedetti tituló una de sus novelas como La borra del café, aquí un fragmento:

 

 

“Una tarde nos habíamos encontrado en el Tupí frente al Solís, y como vio que yo estaba terminando mi café, me pidió el pocillo y, cumpliendo con el precepto le dio vuelta. Examinó atentamente la borra. ‘No tomés muy en serio mi cafetomancia’, dijo sonriendo. ‘Ni yo mismo la tomo en serio. Simplemente me atraen los enigmas, las adivinaciones.’ Siguió un rato contemplando aquello que para mí no significaba nada.”

Mario Benedetti

 

 

El destino está en el asiento de tu aromático

 

Para leer los augurios de la borra de néctar negro, aunque se dice que las figuras son siempre las mismas, se debe tomar en cuenta:

 

1. Su claridad (entre más definidas más certeras) y 

2. El lugar de su aparición. 

 

Se debe imaginar una línea cronológica en el interior de la taza; comenzando por la parte inferior (pasado); después en la media se encontrará el presente; en la superior, cercana al borde estará el futuro y junto o en el asa estará el futuro inmediato. Se debe beber el néctar negro casi en su totalidad y, con mucho cuidado, se coloca el plato sobre la taza, se toman ambos con firmeza entre los dedos índice y pulgar de la mano derecha y se le dan vueltas hacia la izquierda (en este punto las opiniones se dividen entre quienes dicen que deben ser tres y quienes sostienen que deben ser siete). Luego, se voltean para dejar la taza boca abajo sobre el plato; se debe dejar reposar unos minutos y después se levanta la taza para correr el misterio de los augurios. Existe también un método de predicción en el cual el adivino hace al cliente sostener la taza de café tan herméticamente como pueda, al tiempo que se le expone su fortuna; al terminar se arroja la borra como ofrenda a Shadhilly, el santo patrón islámico de los bebedores de café.

 

Cada taza de café debe elaborarse por separado. Se debe preparar en un ibrik, que es un recipiente alto y estrecho, con un asa larga, usualmente fabricado en cobre. Se coloca agua fría en el recipiente, una cucharadita copeteada de café turco (una mezcla de aromático y cardamomo pulverizado hasta la consistencia del talco o en su defecto, únicamente café pulverizado) y otra cucharadita rebosante de azúcar. Se coloca el conjunto sobre la estufa a fuego bajo hasta que la espuma indique un primer hervor; se retira de la lumbre y, para disipar la espuma, se dan unos golpecitos ligeros al ibrik (o ceszve o dzezva o briki o raqwa o zezwa o kanaka, que muchos nombres tiene esta cafetera, uno de los métodos de extracción más antiguos del mundo). Se repite dos veces más la operación. Después del último hervor se sirve directamente a la taza y entonces sí, a beber la misma infusión que desde hace siglos sirve para barruntar en regiones tan dispares como Armenia, Brasil, Francia, Turquía y México. Para finalizar esta #ExperienciaLlamadaCafé, te comparto un video de 02:31 minutos en donde una experta pretende mostrar la cafeomancia en acción, que te divierta:

 

 

colaborador
Jaime Coello Manuell
Poeta, catedrático de ciencias de la comunicación y periodismo en la UNAM, estudia y escribe sobre la industria y cultura alrededor del café desde el año 2000.

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