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Un Café del Infrarrealismo a la Revolución

En estos días que nos tienen en México el alma tan a flor de piel #LaExperienciaLlamadaCafé me llevó a un Café del Infrarrealismo a la Revolución.


miércoles 11 de octubre | La experiencia llamada café


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En estos días que nos tienen en México el alma tan a flor de piel #LaExperienciaLlamadaCafé me llevó a un Café del Infrarrealismo a la Revolución.

 

Por: Jaime Coello Manuell

 

Poetas en el Café, los infrarrealistas

 

Los sucesos recientes me han hecho meditar más frecuentemente en lo efímero de las cosas y, ciertamente, no ayudan lecturas sobre cómo nos estamos quedando sin café, este artículo le llama coffeepocalypse. Pero también la evanescencia del aroma, del perfume y el sabor del néctar negro, estos días, me sintoniza con un cierto estado de ánimo… Hace una década coincidí en una lectura de poesía con varios miembros de lo que hoy se conoce en México como el Movimiento Infrarrealista, en el resto del mundo y a través de la novela de Roberto Bolaño, Los detectives salvajes, como Real visceralismo. Esa ocasión, Óscar Altamirano fue uno de los poetas con los que compartí la palabra aquella velada ante el dionisíaco público reunido en el Café La Bandida de Chimalhuacán, que de café sólo el nombre tenía; lo digo porque no me pareció fuera de lugar pedir una taza de aromático pero en verdad me sorprendí cuando me llevaron un pocillo lleno de agua hirviendo y un pomito con “café” soluble. Dicen que “a caballo regalado no se le ve el colmillo”, pero en cuanto la mesera salió, me quejé con Ketzalli Torres, mi pareja, y con Óscar, quien me dejó hablar. Cuando terminé de soltar hiel, él me comentó que en realidad lo primero que lo enganchó del café es el “subidón” de cafeína y que luego, ya aficionado, no quiso probar demasiados cafés finos porque, en realidad, le parecía que era sólo ayudar a los del dinero a hacer un negocio más capaz de explotación de alguien, como a quienes cortan el café cereza y que la cosa del sabor siempre se puede arreglar con un poco de azúcar y un chorrito de leche, como lo bebía con su hermano Édgar Altamirano, con el mismo Roberto, con los hermanos Cuauhtémoc y Ramón Méndez y con toda la pandilla de los infrarrealistas en el Café La Habana durante la década de 1970. Este poeta no habla nomás por hablar acerca de la explotación, tiene sus propias cicatrices, legado de la lucha guerrillera, y tiene su sensibilidad:

 

 

HAIKU OCCIDENTAL

si amas

a la hoja del árbol

amarás al árbol

nota: aplican restricciones

Óscar Altamirano

 

 

Se ha perdido un sueño

 

En el Café La Habana también se reunían Fidel Castro y el Ché Guevara en la década de 1950, para planear la Revolución Cubana. Estos días se conmemoran 50 años de la muerte del Ché en Bolivia, alguien cuya frase más famosa respecto al aromático es: “Si no hay café para todos, que no haya café para nadie”; alguien que pensaba en la producción cafetalera como un arma en la colonización de América Latina como se puede leer en su artículo El café, el petróleo, el algodón, el cobre y otras cuotas, publicado el 3 de julio de 1960 en la revista Verde Olivo… Y el mundo no ha cambiado tanto desde entonces pero ha cambiado horrores y, a veces, pareciera que el mundo que representaba el rojo de la izquierda internacional nunca existió pero sí sucedió y, de cierto modo, esta sensación es el tema del cuento Se ha perdido una niña, de Alberto Chimal, mismo que te comparto aquí abajo, un archivo de audio en donde el autor lee de propia voz esta magnífica historia, para estos días singulares:

 

 

colaborador
Jaime Coello Manuell poeta, catedrático de ciencias de la comunicación y periodismo en la UNAM, estudia y escribe sobre la industria y cultura alrededor del café desde el año 2000.

Síguelo en: @jaime_coello | jaimecoellomanuell.wordpress.com
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